sáb. Jun 25th, 2022


08 diciembre 2021

Para inmunizar contra el coronavirus, el personal de salud llega a las comunidades de difícil acceso. Esta estrategia, sin embargo, no se extiende a la prevención del cáncer cérvico uterino.

Vacunación contra el VPH en una escuela en Chiquimula, 2019. Foto: Diario de Centroamérica.

Por Carmen Maldonado Valle

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican, en promedio, 1 mil 500 casos de cáncer de cérvix en Guatemala y al menos 800 mujeres mueren por esa causa. “Es uno de los más frecuentes en el país, después del de mama. Podrían tomarse medidas de prevención, como la administración de vacunas, pero aún debemos luchar para generalizar esa práctica”, asegura la infectóloga Iris Cazali.

El principal factor de riesgo ante el cáncer cérvico uterino es contraer el Virus del Papiloma Humano (VPH). “Hay más de 200 tipos, pero 40 pueden afectar los genitales a través del contacto sexual y con el tiempo convertirse en lesiones precancerosas que desembocan en algo más grave a futuro”, añade Cazali.

El infectólogo Mario Melgar, por su parte, resalta una mayor prevalencia de la enfermedad en mujeres. “Administrar las dosis previene en un 70 por ciento el contagio porque genera defensas. De ese modo, si una persona tiene relaciones sexuales con un portador de VPH, el cuerpo reconocerá el virus y evitará su desarrollo”, sostiene.

En las direcciones de áreas de Salud en distintos departamentos de Guatemala, mientras tanto, el personal dice que a las comunidades remotas solo se acercan los biológicos anticovid. Para prevenir el VPH, en cambio, las mujeres deben viajar hasta los servicios de salud si quieren administrarse la dosis.

Charla informativa sobre las vacunas contra el VPH en una escuela de El Estor, Izabal (febrero de 2020). Foto: Facebook / Exclusiva Noticias

En Baja Verapaz se instalan puestos en caseríos alejados para inocular ante el coronavirus porque para los pobladores es difícil llegar hasta el casco urbano. Para inyectarse contra el VPH esto no sucede, porque solo se ofrece si las interesadas lo piden en un centro de salud.

“Las personas están anuentes a recibir el fármaco y enseñan a sus hijas a hacerlo. No lo promovemos mucho en mayores de edad, porque priorizamos a personas de 10 a 16 años”, explica Carlos Lix, el director del área. “Estas acciones son preventivas y por eso se da más importancia a grupos jóvenes. Hay menor posibilidad de que hayan tenido relaciones sexuales y, por lo tanto, no se han expuesto al virus”, agrega.

A decir del médico, la orden del ministerio de Salud siempre fue inyectar a menores de edad, pero en noviembre de 2021 les indicó abrir el procedimiento a todas las mujeres interesadas. “Como debíamos resguardar los frascos para las jovencitas, solo teníamos 300 dosis para las adultas. Solo las ofrecimos en Salamá (cabecera departamental) y en un día se acabaron, pero estamos en espera de un nuevo lote”, agrega Lix.

Al preguntarle por qué antes no se amplió el rango de edad para inocular a mayores de 18 años, respondió: “porque su fin es prevenir, entonces no tiene tanto sentido administrar el fármaco a quienes ya iniciaron la vida sexual”.

Cazali difiere con él porque, dice, “una mujer no se expone al virus automáticamente al tener relaciones sexuales, sino al hacerlo con un portador. Si se inyecta, prevendrá para contactos futuros y eso es bueno. La vacuna no es solo para vírgenes”.

Sin escuelas, sin vacuna

Según la Guía de atención integral para la prevención, detección y tratamiento de lesiones precursoras del cáncer cérvico uterino, en Guatemala está aprobado inocular contra el VPH a mujeres de 10 a 47 años. Si son menores de 15, el régimen es de dos dosis y deben pasar seis meses entre la aplicación de cada una. De 16 años en adelante se requieren tres.

Para llegar a toda la población, sobre todo en comunidades distantes, la principal estrategia de difusión sobre la vacuna es a través de las escuelas, se lee en el documento. Allí se responden dudas, en algunos casos se organizan jornadas para inyectar y así se facilita el acceso a quienes no pueden acudir a un consultorio.

En Baja Verapaz esto dejó de hacerse el año pasado, cuando llegó la pandemia y se cancelaron las clases presenciales. Lo mismo sucedió en Ixcán, Quiché, donde a raíz de la información dada en los centros educativos, antes se administraban en promedio 800 primeras dosis anuales, pero en 2020 solo se inyectaron 429 y en 2021, 265.

A decir de Rubidia Matías, coordinadora del distrito, el ministerio de Salud ordenó hace dos semanas vacunar también a adultas porque, como en Baja Verapaz, solo se priorizaba a menores. “Dábamos charlas en las escuelas y si los papás autorizaban, aplícábamos el biológico a las niñas. Ahora deben llegar al centro de salud, pero la demanda es baja. Se inyectan de tres a cinco personas diarias”, añade.

Tras Eta e Iota, en Ixcán quedaron incomunicados algunos caseríos por el desborde de los ríos y el colapso de puentes colgantes. Por la dificultad de los pobladores para acercarse al casco urbano, allí también se vacuna contra la COVID-19 de casa en casa.

Al cuestionar a Matías por qué no se llevan los fármacos contra el VPH durante los viajes hacia comunidades lejanas, negó tener una orden por parte la cartera para hacerlo. “Sería  práctico, porque los viales son solo de una dosis y no se debe juntar a un grupo para abrir el frasco, como ocurre con los de COVID. Aun así, no tenemos instrucciones para llevarlo a cabo”, sostiene.

Para los niños no hay nada

De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, las variantes de VPH de alto riesgo pueden causar cáncer en mujeres en su mayoría, pero también se han registrado casos en hombres. Además del cuello uterino, el virus puede originar este padecimiento en la vagina, vulva, ano, boca y pene.

“La vacuna contra el VPH solo es para mujeres en esta área de salud”, coincidieron Matías y Lix. Esto también sucede en Suchitepéquez, donde la coordinadora de provisión de servicios de salud, Sandra García, dijo lo mismo.

En ese departamento, las mujeres también deben ir a los puestos o centros de salud para inyectarse u obtener información sobre la prevención del virus del papiloma humano. “La demanda es alta. No podemos precisar en cuánto, pero sí lo es. A quienes no ofrecemos la dosis es a los hombres”, asegura García.

Para Melgar, el infectólogo, se debería ampliar el plan de vacunación porque los hombres también pueden ser portadores. “Si un niño no tiene los recursos para pagar servicios médicos privados, simplemente no puede acceder a esto. Los países suelen priorizar a las mujeres por ser las más afectadas, pero también se debe prevenir la transmisión”, afirma.

Cazali, en tanto, ve con buenos ojos las filas en los puestos de salud para inocularse contra el VPH. Aunque el “sueño” sea llegar a toda la población y eso aún no suceda, “en al menos cinco años comenzaremos a ver un descenso en los casos de cáncer cérvico uterino. Ya verán cómo sí vale la pena”.

Por si no la leíste: Recoger los pedazos y sonreír tras la pandemia





Source link